Todo comenzó una
mañana en el infierno.
El pequeño Nataniel
se preparaba como todos los días para salir a dar una vuelta por el pueblo de
Niville. Salió de su cuarto con mucha alegría y se dirigió hasta la cocina, en
donde su madre preparaba el desayuno. Su padre limpiaba las viejas tazas de
cerámica que estaban empolvadas.
Los asientos de
madera rechinaban con cada movimiento infantil de Nataniel. La mesa agrietada
de madera era pequeña, se ubicaba junto a la cocina desde donde el demonio
podía ver como su madre preparaba el pan amasado que comía todos los días al
desayuno. En ningún lugar se podía encontrar un pan tan rico, crujiente y
sabroso como el que se preparaba en esa casa.
El padre de Nataniel
tomó su bolso, se despidió de su esposa e hijo y salió rumbo al trabajo. La
mañana pasaba lenta en el pueblo de Niville. Los cielos despejados eran un
indicio de que sería un gran día para las aventuras del joven demonio.
Las desventajas de
vivir en un pueblo pequeño es que todos se conocen entre sí, el concepto de
multitud se pierde en lo profundo del diccionario campesino. Y para Nataniel
eso era un problema, sus travesuras no pasaban desapercibidas pues todos en el
pueblo lo conocían. El joven visitó a su amigo Pitt con quien recorrió el
mercado del pueblo. Las verduras no eran las mejores y tampoco había mucha
variedad. Después de todo el infierno no es el mejor lugar para pasar el
tiempo.
Aquel día los
muchachos fastidiaron al señor Nicolson, este hombre era todo un personaje en
el pueblo, vivía solo en una choza construida por sí mismo y cada tarde se le
podía ver en estado de ebriedad afuera de su casa, sentado en el pórtico o
tirado en el piso. Los niños se reían a carcajadas al ver como este hombre
dormía en el piso, ya que la barba de aquel demonio quedaba cubierta de tierra.
Nada lo podía despertar. Ni los gritos de la vecina Anita que salía a
espantarlos. Esta mujer de avanzada edad cuidaba al señor Nicolson, de vez en
cuando ordenaba un poco el desorden de la choza y se preocupaba de que no
pasara toda la noche botado en el suelo.
Los jóvenes
disfrutaban con los juegos y bromas. Tenían planeado hacer travesuras, sin embargo,
les llamo la atención ver a un grupo de extraños con trajes negros y capuchas
que recorrían la calle principal del pueblo, así que los siguieron para
investigar. Los sujetos ingresaron a una casa y estuvieron un largo rato ahí.
Al ver que nadie salía, saltaron la reja y observaron por una de las ventanas.
A través de la
ventana que estaba completamente sucia se podía observar a un hombre atado a
una silla empapado en sangre, lo cual sorprendió mucho a los pequeños traviesos.
Uno de los extraños golpeaba con brutalidad al señor atado a la silla. De
pronto el sujeto dejo de moverse, el extraño se inclinó y le corto el cuello. Tras
ver esta escena, los muchachos quedaron en blanco, en sus mentes todo se nublo
y entraron en shock.
Al ponerse de pie,
el encapuchado miró hacia adelante y vio a los dos niños frente a la
ventana.
Los pequeños
corrieron despavoridos y de la casa salieron todos los sujetos de negro que
comenzaron a atacar a los pobladores con sables. De pronto la tranquilidad en
el pueblo había desaparecido, una brisa fresca sacudió los árboles de las calles
y las pocas hojas que cayeron fueron testigos de una masacre.
Nataniel y Pitt
habían conseguido esconderse en uno de los barriles del mercado en donde se
mantuvieron a salvo. Los gritos del exterior eran desgarradores. Los muchachos
jamás habían sentido tanto miedo en sus vidas, temblaban de miedo mientras
podían sentir como los sables desgarraban la piel de los pobres comerciantes.
Al cabo de un rato el silencio se había apoderado del mercado, la muerte
rondaba por el pueblo y nadie tenía la capacidad para detener la masacre.
Ya habían esperado
mucho tiempo en el barril, es por eso que abandonaron dicho lugar y huyeron
hasta la casa de Nataniel para encontrar refugio, sin pensar que en el camino
se encontrarían con los cadáveres de todos sus vecinos y conocidos. Incluso el
señor Nicolson seguía tendido en el piso, pero esta vez con un sable clavado en
el pecho.
Al llegar a la
esquina se toparon de frente con uno de los asesinos, quien cogió del cuello a
Pitt.
- Ustedes son los
intrusos que busca el amo. Ahora dime ¿dónde esconden a Renius?
Nataniel estaba
aterrado, no sabía que responder y tampoco conocía a ese tal Renius.
- Lo siento por ti
muchacho. Pero tu amigo no quiere hablar.
El demonio
desenfundo su sable y atravesó a Pitt quien murió en cosa de segundo.
Nataniel comenzó a correr
frenéticamente con su rostro lleno de lágrimas, pero el sujeto logro
atraparlo.
- Déjalo en paz. No
vez que es solo un niño.
Fue en ese instante
en que el demonio soltó al pequeño.
- Huye mientras
puedas. Yo lo distraeré.
Nataniel siguió
corriendo. Atrás quedaba el recuerdo de la señora Anita quien había sacrificado
su vida por el travieso del pueblo.
Las calles estaban
vacías, las puertas de las casas abiertas de par en par, la noche se aproximaba
y el cielo aún seguía despejado. El pequeño sobreviviente solo podía sentir sus
fuertes latidos y escuchar su respiración agitada. De pronto, frente a él la
puerta de su casa. Su cuerpo temblaba. Una gota de sudor frío se deslizo suave
desde su cabeza, recorriendo su rostro y llegando a su cuello. Dio unos pasos.
El piso de madera crujía.
- ¿Mamá?
Nadie respondió al
llamado.
- ¿Papá?
Tampoco hubo
respuesta.
La casa estaba
oscura por dentro, además el desorden daba a entender que los tipos malos había
ingresado. Al abrir la puerta que daba a la cocina el muchacho nuevamente entro
en shock. Los cuerpos de sus padres yacían en el suelo en un charco de sangre.
Al final del pasillo
comenzó a brillar algo. Era el reflejo de un sable. Un sujeto salió de entre
las sombras acompañado de un gran perro. En una de sus manos tenía el sable y
en la otra un pan mordisqueado por él. Era uno de los deliciosos panes que
había preparado la madre de Nataniel.
Vendrás conmigo fue
lo último que escucho Nataniel antes de perder la conciencia y despertar en la
casa de las ventanas sucias. Había reconocido el lugar ya que estaba atado en
la misma silla que murió degollado el desconocido. Es más, la silla y la
habitación aún estaban cubiertas de sangre.
- Llego el momento
de hablar. ¿Dónde está Renius?
Nataniel no sabía
que responder por lo que el sujeto le dio un fuerte puñetazo.
- ¿Dónde está
Renius?
- No sé de qué
hablas – dijo entre lágrimas.
Fue así como comenzó
la tortura al pequeño, quien se había involucrado con la mafia Gloveriana. La
tortura duro horas, Nataniel realmente no sabía nada, pero el sujeto insistía
con la pregunta. Cuando Nataniel ya no pudo más, fue desatado y arrojado al
patio trasero en donde sería devorado por los perros. Su cuerpo estaba
machacado, el dolor era extremo y parecía estar muerto.
A penas tenía visión
ya que sus ojos estaban completamente hinchados y con suerte podía oír los
ladridos de los perros que lo tenían rodeado. Se puso de pie casi por inercia y
observo a su alrededor. Pudo identificar a un perro que sobresalía del resto.
Era el perro del sujeto que había visto en su casa.
Una energía
sobrenatural lo envolvió y luchó contra el gran perro feroz. Esta bestia lo
mordió fuertemente en el brazo y lo arrastro un par de metros quedando justo al
lado de una rama, en donde logró zafar su brazo. Nataniel estaba en el piso
defendiéndose con sus pies de los mordiscos del gran perro, mientras cogía con
su brazo que aún podía mover la rama. Dejó de luchar con sus pies para que el
perro se acercara un poco más, espero un poco y al abrir el hocico metió su
brazo en la boca del perro junto con la rama de árbol.
El perro no podía
respirar, dio un par de vueltas en el piso intentando vomitar la rama que había
quedado clavada en su garganta. La bestia tosió por última vez y murió ahogada
al lado del pequeño.
Los otros perros no
hicieron nada, solo se alejaron ya que su líder había muerto.
Nataniel escapó del
lugar y fue en dirección al pueblo vecino. Tras una hora infernal de viaje se
encontró en el camino con un grupo de soldados de élite que venían siguiendo
los pasos de los sujetos de la mafia Gloveriana. Nataniel ya no podía más. Uno
de los soldados logro comunicarse con el muchacho antes de que se desmayara.
- ¿Cuál es tu nombre
muchacho?
- Nan...
- Escucha. Te pondrás
bien, te llevaré a un lugar seguro donde te curaran esas heridas. ¿Entiendes?
- Sí…
- Prometo que los
que te hicieron esto lo pagaran muy caro
- No hagas promesas
que no puedas cumplir Kain
- Belial es nuestra
misión y es nuestro deber acabar con la mafia Gloveriana. Quiero que lleves a
este muchacho al pueblo vecino lo antes posible para que sea examinado
- ¿Vas a eximir a tu
propio hermano de esta misión solo por un niño? El pobre ya se desmayó. No creo
que tenga posibilidad de sobrevivir
- Belial recuerda
que yo estoy al mando. Obedece y llévalo al hospital ahora mismo

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