Amanecer hoy

Disfruta la luz del sol en tu piel sensible porque hoy mismo puedes dejar atrás tus recuerdos, deseos y anhelos en una fría sepultura hermoseada con una simple lapida anónima. Atina a caminar descalzo por los pastos del jardín de tu vecino antes del sombrío anochecer y del impensable amanecer, hazlo antes que nunca o nunca tendrás la dicha de los otros dementes del ayer.

30 de mayo de 2016

Nataniel de Niville, más conocido como Nan


Todo comenzó una mañana en el infierno. 

El pequeño Nataniel se preparaba como todos los días para salir a dar una vuelta por el pueblo de Niville. Salió de su cuarto con mucha alegría y se dirigió hasta la cocina, en donde su madre preparaba el desayuno. Su padre limpiaba las viejas tazas de cerámica que estaban empolvadas.

Los asientos de madera rechinaban con cada movimiento infantil de Nataniel. La mesa agrietada de madera era pequeña, se ubicaba junto a la cocina desde donde el demonio podía ver como su madre preparaba el pan amasado que comía todos los días al desayuno. En ningún lugar se podía encontrar un pan tan rico, crujiente y sabroso como el que se preparaba en esa casa. 

El padre de Nataniel tomó su bolso, se despidió de su esposa e hijo y salió rumbo al trabajo. La mañana pasaba lenta en el pueblo de Niville. Los cielos despejados eran un indicio de que sería un gran día para las aventuras del joven demonio. 

Las desventajas de vivir en un pueblo pequeño es que todos se conocen entre sí, el concepto de multitud se pierde en lo profundo del diccionario campesino. Y para Nataniel eso era un problema, sus travesuras no pasaban desapercibidas pues todos en el pueblo lo conocían. El joven visitó a su amigo Pitt con quien recorrió el mercado del pueblo. Las verduras no eran las mejores y tampoco había mucha variedad. Después de todo el infierno no es el mejor lugar para pasar el tiempo.

Aquel día los muchachos fastidiaron al señor Nicolson, este hombre era todo un personaje en el pueblo, vivía solo en una choza construida por sí mismo y cada tarde se le podía ver en estado de ebriedad afuera de su casa, sentado en el pórtico o tirado en el piso. Los niños se reían a carcajadas al ver como este hombre dormía en el piso, ya que la barba de aquel demonio quedaba cubierta de tierra. Nada lo podía despertar. Ni los gritos de la vecina Anita que salía a espantarlos. Esta mujer de avanzada edad cuidaba al señor Nicolson, de vez en cuando ordenaba un poco el desorden de la choza y se preocupaba de que no pasara toda la noche botado en el suelo.

Los jóvenes disfrutaban con los juegos y bromas. Tenían planeado hacer travesuras, sin embargo, les llamo la atención ver a un grupo de extraños con trajes negros y capuchas que recorrían la calle principal del pueblo, así que los siguieron para investigar. Los sujetos ingresaron a una casa y estuvieron un largo rato ahí. Al ver que nadie salía, saltaron la reja y observaron por una de las ventanas.

A través de la ventana que estaba completamente sucia se podía observar a un hombre atado a una silla empapado en sangre, lo cual sorprendió mucho a los pequeños traviesos. Uno de los extraños golpeaba con brutalidad al señor atado a la silla. De pronto el sujeto dejo de moverse, el extraño se inclinó y le corto el cuello. Tras ver esta escena, los muchachos quedaron en blanco, en sus mentes todo se nublo y entraron en shock.

Al ponerse de pie, el encapuchado miró hacia adelante y vio a los dos niños frente a la ventana. 

Los pequeños corrieron despavoridos y de la casa salieron todos los sujetos de negro que comenzaron a atacar a los pobladores con sables. De pronto la tranquilidad en el pueblo había desaparecido, una brisa fresca sacudió los árboles de las calles y las pocas hojas que cayeron fueron testigos de una masacre. 

Nataniel y Pitt habían conseguido esconderse en uno de los barriles del mercado en donde se mantuvieron a salvo. Los gritos del exterior eran desgarradores. Los muchachos jamás habían sentido tanto miedo en sus vidas, temblaban de miedo mientras podían sentir como los sables desgarraban la piel de los pobres comerciantes. Al cabo de un rato el silencio se había apoderado del mercado, la muerte rondaba por el pueblo y nadie tenía la capacidad para detener la masacre.

Ya habían esperado mucho tiempo en el barril, es por eso que abandonaron dicho lugar y huyeron hasta la casa de Nataniel para encontrar refugio, sin pensar que en el camino se encontrarían con los cadáveres de todos sus vecinos y conocidos. Incluso el señor Nicolson seguía tendido en el piso, pero esta vez con un sable clavado en el pecho.  

Al llegar a la esquina se toparon de frente con uno de los asesinos, quien cogió del cuello a Pitt. 

- Ustedes son los intrusos que busca el amo. Ahora dime ¿dónde esconden a Renius?

Nataniel estaba aterrado, no sabía que responder y tampoco conocía a ese tal Renius. 

- Lo siento por ti muchacho. Pero tu amigo no quiere hablar.

El demonio desenfundo su sable y atravesó a Pitt quien murió en cosa de segundo.

Nataniel comenzó a correr frenéticamente con su rostro lleno de lágrimas, pero el sujeto logro atraparlo. 

- Déjalo en paz. No vez que es solo un niño. 

Fue en ese instante en que el demonio soltó al pequeño.

- Huye mientras puedas. Yo lo distraeré.

Nataniel siguió corriendo. Atrás quedaba el recuerdo de la señora Anita quien había sacrificado su vida por el travieso del pueblo.

Las calles estaban vacías, las puertas de las casas abiertas de par en par, la noche se aproximaba y el cielo aún seguía despejado. El pequeño sobreviviente solo podía sentir sus fuertes latidos y escuchar su respiración agitada. De pronto, frente a él la puerta de su casa. Su cuerpo temblaba. Una gota de sudor frío se deslizo suave desde su cabeza, recorriendo su rostro y llegando a su cuello. Dio unos pasos. El piso de madera crujía. 

- ¿Mamá? 

Nadie respondió al llamado.

- ¿Papá?

Tampoco hubo respuesta. 

La casa estaba oscura por dentro, además el desorden daba a entender que los tipos malos había ingresado. Al abrir la puerta que daba a la cocina el muchacho nuevamente entro en shock. Los cuerpos de sus padres yacían en el suelo en un charco de sangre.

Al final del pasillo comenzó a brillar algo. Era el reflejo de un sable. Un sujeto salió de entre las sombras acompañado de un gran perro. En una de sus manos tenía el sable y en la otra un pan mordisqueado por él. Era uno de los deliciosos panes que había preparado la madre de Nataniel.
Vendrás conmigo fue lo último que escucho Nataniel antes de perder la conciencia y despertar en la casa de las ventanas sucias. Había reconocido el lugar ya que estaba atado en la misma silla que murió degollado el desconocido. Es más, la silla y la habitación aún estaban cubiertas de sangre.

- Llego el momento de hablar. ¿Dónde está Renius?

Nataniel no sabía que responder por lo que el sujeto le dio un fuerte puñetazo. 

- ¿Dónde está Renius?

- No sé de qué hablas – dijo entre lágrimas.

Fue así como comenzó la tortura al pequeño, quien se había involucrado con la mafia Gloveriana. La tortura duro horas, Nataniel realmente no sabía nada, pero el sujeto insistía con la pregunta. Cuando Nataniel ya no pudo más, fue desatado y arrojado al patio trasero en donde sería devorado por los perros. Su cuerpo estaba machacado, el dolor era extremo y parecía estar muerto.

A penas tenía visión ya que sus ojos estaban completamente hinchados y con suerte podía oír los ladridos de los perros que lo tenían rodeado. Se puso de pie casi por inercia y observo a su alrededor. Pudo identificar a un perro que sobresalía del resto. Era el perro del sujeto que había visto en su casa.

Una energía sobrenatural lo envolvió y luchó contra el gran perro feroz. Esta bestia lo mordió fuertemente en el brazo y lo arrastro un par de metros quedando justo al lado de una rama, en donde logró zafar su brazo. Nataniel estaba en el piso defendiéndose con sus pies de los mordiscos del gran perro, mientras cogía con su brazo que aún podía mover la rama. Dejó de luchar con sus pies para que el perro se acercara un poco más, espero un poco y al abrir el hocico metió su brazo en la boca del perro junto con la rama de árbol. 

El perro no podía respirar, dio un par de vueltas en el piso intentando vomitar la rama que había quedado clavada en su garganta. La bestia tosió por última vez y murió ahogada al lado del pequeño. 
Los otros perros no hicieron nada, solo se alejaron ya que su líder había muerto.

Nataniel escapó del lugar y fue en dirección al pueblo vecino. Tras una hora infernal de viaje se encontró en el camino con un grupo de soldados de élite que venían siguiendo los pasos de los sujetos de la mafia Gloveriana. Nataniel ya no podía más. Uno de los soldados logro comunicarse con el muchacho antes de que se desmayara.

- ¿Cuál es tu nombre muchacho?

- Nan...

- Escucha. Te pondrás bien, te llevaré a un lugar seguro donde te curaran esas heridas. ¿Entiendes?

- Sí…  

- Prometo que los que te hicieron esto lo pagaran muy caro
- No hagas promesas que no puedas cumplir Kain

- Belial es nuestra misión y es nuestro deber acabar con la mafia Gloveriana. Quiero que lleves a este muchacho al pueblo vecino lo antes posible para que sea examinado

- ¿Vas a eximir a tu propio hermano de esta misión solo por un niño? El pobre ya se desmayó. No creo que tenga posibilidad de sobrevivir

- Belial recuerda que yo estoy al mando. Obedece y llévalo al hospital ahora mismo



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