Amanecer hoy

Disfruta la luz del sol en tu piel sensible porque hoy mismo puedes dejar atrás tus recuerdos, deseos y anhelos en una fría sepultura hermoseada con una simple lapida anónima. Atina a caminar descalzo por los pastos del jardín de tu vecino antes del sombrío anochecer y del impensable amanecer, hazlo antes que nunca o nunca tendrás la dicha de los otros dementes del ayer.

24 de julio de 2012

Génesis XVI: "Las quimeras del capitán Alsabel"

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-Ustedes malditos engreídos cómo se atreven a desafiar a las fuerzas del General Epsilon. Mis guerreros y yo los haremos añicos.  

-Tengo entendido que él es el capitán Alsabel.

-Estas en lo cierto, aunque no lo creas es un tipo muy fuerte. Solo les pido que no se confíen.

-Pero si son solo unos mocosos. Mi poder es superior, tanto como el de ustedes tres juntos. Han irrumpido en mi morada mientras descansaba, es por eso que pagaran las consecuencias.

Asper quien era el encargado de la misión debía mantener la calma y pensar con astucia sus próximos pasos. Tomó la delantera y con un sable oscuro atacó a Alsabel. Ambas espadas chocaron, se miraron fijamente mientras disputaban con vigor el dominio de la fuerza. La sombra infernal hizo una señal a Hanso quien acudió al rescate dando un salto para patear al enemigo. Desde lo alto Hanso usó su fuerza elemental para envolver su pie en cristales de hielo, con el objetivo de potenciar su ataque, pero el demonio detuvo la patada con el brazo que mantenía desocupado, cogió al soldado con firmeza y lo arrojo lejos, ante lo cual Lucifer reaccionó lanzando llamaradas sobre su adversario, sin embargo este también empujo a Asper quien calló sobre Lucifer.

Justo cuando estos se disponían a ponerse de pie Alsabel caía de las alturas, pero gracias a los reflejos de Sombra el capitán solo golpeo la roca causando estragos, además de dejar un agujero en el piso. 

Su poder era sorprendente. Los tres soldados estaban perdiendo energías y sus esperanzas se agotaban con el tiempo. 

Justo cuando las cosas no podían ponerse peores, Alsabel invoca a dos quimeras muy feroces. Los guerreros tendrían que lidiar con el capitán y sus mascotas. Sombra distraería al demonio mientras que sus muchachos se encargarían de las quimeras.



Todos se dispersaron al primer movimiento de las quimeras y tomaron distintos caminos, Hanso lucho cuerpo a cuerpo con la quimera, la misma que intentaba morderlo y rasgarlo para quitarle la vida. Hanso tuvo que resistir las embestidas de la criatura para poder cortar una de las cabezas de la quimera.

Mientras tanto Lucifer corría por los pasillos de la fortaleza haciendo lo imposible por evadir las llamas que escupía la bestia, se mantuvo corriendo hasta que todo quedo en silencio puesto que al parecer la había perdido de vista.

Hanso miraba fijamente a su adversario, sabia que un golpe en su cuello pondría fin a las intensas llamaradas que tanto estorbaban. Arranco unas cadenas que estaban sujetas a la pared de la cueva para atrapar a la quimera, luego tiro con fuerza para estrangularla lentamente.

Lucifer sentía los pasos de la mascota del capitán, pues sabía que esta lo acechaba, solo que las sombras difusas del animal confundían al demonio. Miraba a su alrededor en busca de la bestia y fue en ese instante en el que la mirar hacia atrás se percato de que la quimera estaba solo unos cuantos metros de él.

Todo se detuvo, la mirada aterrorizada de Lucifer se detuvo, el tiempo se detuvo, la quimera parecía flotar en la caverna, con sus garras extendidas y su hocico peligrosamente abierto. De pronto hubo un fuerte estruendo que remeció el escondite.

9 de julio de 2012

Angélica Videla

La magia se desvaneció rápidamente, tal como lo hizo la última palabra que recorrió mi vieja memoria. Solo tristeza y amargura sobrevivieron en mi recuerdo luego del ultimo disparo de Angélica. Ella se acerco para observar como agonizaba y con sus manos teñidas de rojo me acaricio hasta encontrar la respuesta que tanto había buscado. Mientras se alejaba por el pasillo, yo intentaba mantener la calma y presionar la herida tanto como fuese posible, no podía moverme, me costaba respirar y a penas sentía mis piernas. La impotencia de no poder hacer nada al respecto me sacaba de quicio ya que tendido en el piso medio muerto solo me quedaba observar atento los pasos de Angélica. Luego de un rato volvió, solo que esta vez traía una copa de vino en sus manos, se aproximo hacia el balcón y se puso a llorar, miraba las estrellas en el cielo, las mismas que alguna vez le prometieron ser feliz por siempre. 

Mientras el frió de la muerte comenzaba a envolverme, escuche como las sirenas de los carros policiales se aproximaban hacia el edificio "Brown Town" los destellos de aquellas luces de los coches que iluminaban el cuarto del noveno piso me hacían recordar mi infancia llena de alegría junto a mis padres. Angélica ya no tenia escapatoria puesto que al parecer la fuerza policial ya había ingresado al edificio.

Nuevamente camino hasta mi, se inclino, beso mi frente y me agradeció por haber estado siempre junto a ella. Intente ponerme de pie pero no pude. Ella se alejo de mi y fue en ese instante que un disparo se oyó en la habitación, un disparo que destruyo mi mundo y que ha retumbado desde entonces en mi mente.

Ahora solo me arrepiento de no haber tenido la fuerza suficiente para intentar detenerla. La locura me arrebato de las manos a mi amada quien solo intentaba descifrar el misterio del amor. Se que en lo profundo de su corazón ella descubrió que todos estaban equivocados y que había cometido un error al creer que el odio era la mejor solución a sus problemas. Si bien logro encontrar sus respuestas, ya era demasiado tarde para decir la verdad.