Mientras tanto Lucifer y Janna continuaban en medio de los rebeldes. Janna era muy lenta con su bastón, sus movimientos eran muy predecibles e inexactos, pero los golpes que lograba acertar eran letales. Además Lucifer no conseguía acercarse a su adversario ya que su hacha destruía todo a su paso.
Ambos se acercaron para defenderse la espalda mutuamente. Lucharon hasta que solo quedaron en pie Alan y Karli.
Karli era una mujer de pelo largo y oscuro. Su rostro pálido hacia resaltar sus labios rojos y sus colmillos sedientos de sangre.
El soldado real se lanzo hacia Alan pues tenía un plan. Había conseguido atraer al demonio hasta una mesa que aún seguía intacta. La levanto con sus brazos y la arrojo hacia Alan quien la partió en dos con su hacha. Al ver hacia adelante el demonio se llevo una sorpresa. Lucifer ya no se encontraba frente a él.
Janna dio un silbido, levantó su bastón al mismo tiempo que Alan levantaba su hacha. Ambas armas chocaron en el aire. El hacha de Alan había quedado completamente destruida. Dio un paso hacia atrás y luego un grito de dolor pues Lucifer enterró sus dagas de fuego por la espalda al gran Alan. Solo quedaba Karli.
Esta muchacha arrojo hacia los guerreros bolas de fuego que no lograban acertar. Estaba desesperada lanzando fuego por doquier. Al ver que los guerreros estaban muy cerca de ella, se inclinó, toco el piso y levanto una jaula de hielo que congelo el lugar y apago el fuego. Se había encerrado en una jaula con tal de ganar un poco de tiempo.
Lucifer golpeo la muralla con sus dagas. Estaba cayéndose a pedazos y en breve Karli estaría acabada.
La muchacha dijo entre lágrimas:
- ¡Ya basta! Me entregare, pero no me hagan daño.
La muralla termino por derrumbarse. Karli estaba de rodillas implorando piedad.
- Es muy tarde para arrepentirse de tus pecados.
Las dagas de Lucifer estuvieron a un par de centímetros del cuello de la desgraciada. El bastón de Janna había detenido esta acción.
- No es necesario matarla Lucifer. Ella ya se rindió.
- Gracias a este tipo de personas es que los niños quedan huérfanos. ¿No lo recuerdas?
- Lo sé. Pero no quiero ver más muerte.
Janna le dio un golpe en la cabeza y la dejo tumbada en el piso.
- La llevaremos al cuartel, junto con los que quedaron con vida. Ahí Nan verá que hacer.
- ¿No deberíamos ayudar a Nan?
- No. Nan fue muy claro al dar las instrucciones. Además el no necesita ayuda.
En paralelo Nan se enfrentaba a Julo. Ambos eran muy fuertes.
Julo dio inicio a la batalla atacando a Nan con su guadaña. La habitación era muy pequeña para luchar por lo que Nan mantenía la distancia para evitar ser herido.
El guerrero no podía luchar en esas condiciones ya que el filo de la guadaña de Julo era increíble y ante cualquier descuido podría ser rebanado. Ni la armadura gruesa que llevaba podría protegerlo. Ambos daban golpes con sus respectivas armas. Por un lado Nan atacaba con su espada tratando de ganar espacio en el campo de batalla, en tanto su adversario se preocupaba de atacarlo directamente.
Fue en base a los tiempos muertos en la batalla que Nan consiguió crear un bola de energía oscura en una de sus manos, la cual arrojo hacia el fondo de la habitación, creando un agujero lo suficientemente grande que le permitiría salir al exterior.
Julo tampoco perdía el tiempo pues la hoja de su guadaña ahora estaba cubierta por un fuego muy intenso, además ya se preparaba para su próximo ataque.
Nan logro bloquear con su espada el golpe de la guadaña y se abrió paso hasta el agujero de la pared. Ya se encontraba en el exterior, sin embargo la espada del maestro quedo con una fisura. Dicha arma aún servia, pero no aguantaría mucho si Julo seguía atacando de una manera tan salvaje.
En el exterior habían pocos árboles, el suelo estaba cubierto de pasto y se podía ver el camino de tierra por el que habían llegado.
Ahora la batalla se trasladaba hasta el exterior de la taberna clandestina.
Ambos se miraron fijamente. Sus armas volvieron a sonar tras cada choque. Nan lanzo una lluvia de bolas de fuego sobre el espía pero no eran útiles.
En eso Julo se quito el sombrero, lo arrojo hacia Nan y mientras se aproximaba comenzó a incinerarse, creando una bola de humo que nublo la vista del guerrero. El espía aprovecho dicha distracción para atacar a Nan, el que forzó su espada hasta quebrarla.
Tras esta acción la guadaña logro darle en el cuerpo a Nan pero con poca fuerza ya que el impacto fue amortiguado por la espada que ya no servia, además su armadura logro frenar la guadaña dejando un gran rayón en su pecho.
Los dos retrocedieron al mismo tiempo. Julo avivo aún más las llamas de su gran guadaña y Nan generó una bola de energía oscura en su mano.
Fue así como se acercaron lo suficiente para dar el último golpe. El maestro Nan corrió hacia su adversario y arrojo el mango de la espada rota, que impacto en el rostro de Julo, este al recibir el golpe dio un giro con su guadaña. En tanto Nan se inclino para esquivar el ataque y descargo la bola de energía sobre los pies del rebelde, generando una pequeña explosión en el piso.
Las extremidades del demonio habían quedado totalmente destruidas luego de recibir directamente la bola de energía por lo que la batalla había llegado a su fin.
Julo había perdido sus dos piernas y gritaba con desesperación pues el dolor era enorme.
Nan puso su pie sobre la mano del demonio que permanecía en el piso agonizando, saco de entre su armadura el cuadernillo con el nombre de Julo y lo tacho con la sangre que estaba esparcida por todo el pasto.
- Ya no causaras más problemas para el reino.
- No creas que soy el único traidor. ¡Maldito infeliz!
El maestro Nan recogió la guadaña del piso y corto la cabeza del espía para dar fin a su miserable vida.
Julo dio inicio a la batalla atacando a Nan con su guadaña. La habitación era muy pequeña para luchar por lo que Nan mantenía la distancia para evitar ser herido.
El guerrero no podía luchar en esas condiciones ya que el filo de la guadaña de Julo era increíble y ante cualquier descuido podría ser rebanado. Ni la armadura gruesa que llevaba podría protegerlo. Ambos daban golpes con sus respectivas armas. Por un lado Nan atacaba con su espada tratando de ganar espacio en el campo de batalla, en tanto su adversario se preocupaba de atacarlo directamente.
Fue en base a los tiempos muertos en la batalla que Nan consiguió crear un bola de energía oscura en una de sus manos, la cual arrojo hacia el fondo de la habitación, creando un agujero lo suficientemente grande que le permitiría salir al exterior.
Julo tampoco perdía el tiempo pues la hoja de su guadaña ahora estaba cubierta por un fuego muy intenso, además ya se preparaba para su próximo ataque.
Nan logro bloquear con su espada el golpe de la guadaña y se abrió paso hasta el agujero de la pared. Ya se encontraba en el exterior, sin embargo la espada del maestro quedo con una fisura. Dicha arma aún servia, pero no aguantaría mucho si Julo seguía atacando de una manera tan salvaje.
En el exterior habían pocos árboles, el suelo estaba cubierto de pasto y se podía ver el camino de tierra por el que habían llegado.
Ahora la batalla se trasladaba hasta el exterior de la taberna clandestina.
Ambos se miraron fijamente. Sus armas volvieron a sonar tras cada choque. Nan lanzo una lluvia de bolas de fuego sobre el espía pero no eran útiles.
En eso Julo se quito el sombrero, lo arrojo hacia Nan y mientras se aproximaba comenzó a incinerarse, creando una bola de humo que nublo la vista del guerrero. El espía aprovecho dicha distracción para atacar a Nan, el que forzó su espada hasta quebrarla.
Tras esta acción la guadaña logro darle en el cuerpo a Nan pero con poca fuerza ya que el impacto fue amortiguado por la espada que ya no servia, además su armadura logro frenar la guadaña dejando un gran rayón en su pecho.
Los dos retrocedieron al mismo tiempo. Julo avivo aún más las llamas de su gran guadaña y Nan generó una bola de energía oscura en su mano.
Fue así como se acercaron lo suficiente para dar el último golpe. El maestro Nan corrió hacia su adversario y arrojo el mango de la espada rota, que impacto en el rostro de Julo, este al recibir el golpe dio un giro con su guadaña. En tanto Nan se inclino para esquivar el ataque y descargo la bola de energía sobre los pies del rebelde, generando una pequeña explosión en el piso.
Las extremidades del demonio habían quedado totalmente destruidas luego de recibir directamente la bola de energía por lo que la batalla había llegado a su fin.
Julo había perdido sus dos piernas y gritaba con desesperación pues el dolor era enorme.
Nan puso su pie sobre la mano del demonio que permanecía en el piso agonizando, saco de entre su armadura el cuadernillo con el nombre de Julo y lo tacho con la sangre que estaba esparcida por todo el pasto.
- Ya no causaras más problemas para el reino.
- No creas que soy el único traidor. ¡Maldito infeliz!
El maestro Nan recogió la guadaña del piso y corto la cabeza del espía para dar fin a su miserable vida.
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