Luego de los extraños acontecimientos en la celda de arena, Lucifer cayó en un profundo sueño que lo sumergió en un estado deforme de la realidad, como siempre desorientado vagaba a penas en el bosque de las almas impuras casi como una marioneta intentando controlar sus movimientos ingenuos.
Veía a su alrededor en busca de alguna señal de vida, pero la espesa neblina que lo cubría reducía sus frágiles sentidos, que estaban siendo alertados por la presencia de alguien más. Sabía que era observado desde la oscuridad.
Habrán pasado días, semanas, meses. Lucifer no lo recordaría. Solo despertó de golpe en una habitación con aspecto de calabozo que daba una desagradable sensación de humedad y frío. Se sentía mucho mejor, aunque seguía recuperando energías tras escapar del desierto. Con la mirada fija en la pared de la habitación centró su atención en las grietas de la pared que permitían el paso de un humo negro, miraba con curiosidad aquel fluido que penetraba al cuarto en el que se hallaba, sin embargo, habrá sido una ilusión o todavía estaba lo bastante confundido como para ver un montón de patrañas, porque tras un minúsculo pestañeo ya no había nada frente a él.
"Que agrado verte nuevamente, por poco y no vives para contarlo. Debes estar confundido pero no te preocupes los efectos de la confusión pasaran luego. El desierto es un lugar muy peligroso para forasteros que no conocen estas tierras. ¡Oh! Disculpa mi descortesía joven extranjero, mi nombre es Kain y tu debes ser".
"Lucifer señor" respondió por inercia.
Este debe ser el sujeto que salvo mi vida. Como es posible que un anciano pueda haberme rescatado siendo que ni mis propios ánimos lograron vencer la sed de las arenas.
"Joven Lucifer puedo preguntarle ¿Como llegó a parar a tierras tan inhóspitas?".
"A decir verdad no tengo recuerdos lucidos respecto a mi mismo. Sin embargo, hay algo que debo hacer pero no sé qué es. ¿Dónde me encuentro?".
"Usted se encuentra en mi guarida joven Lucifer. Estamos en tiempos difíciles como para desperdiciar talentos como tú. Antes de rescatarte logre sentir tu fuerza real, no eres un demonio común y lo sabes muy bien, es por eso que mientras no recobres tus ánimos no me permitiré dejarte libre".
En ese instante fue sorprendente e inesperado ver como Lucifer se puso de pie al tiempo que sus piernas tiritaban estrepitosamente, aunque lo verdaderamente impactante fue ver como este corría en dirección a Kain con la intención de golpearlo y huir. Sus ojos apuntaban directamente hacia el rostro oculto de Kain quien estaba parado junto a la puerta y su puño enardecido esta dispuesto a romper toda frontera. Kain, el demonio de la capucha estaba a punto de recibir una paliza.
Todo ocurrió tan rápido, de pronto un sonido hizo estallar el silencio, Lucifer había sido expulsado hacia la pared de concreto con brutalidad y Kain seguía de pie junto a la puerta, tranquilo.
Qué ocurrió, el viejo estaba de pie y en ningún momento note si este se movió o no. Es muy rápido, tanto que ni pude ver sus movimientos.
- Te lo dije, deberás esperar antes de actuar tan precipitadamente. Será mejor que te deje, tengo asuntos que atender.
Lucifer entendía la fuerza de Kain. Había sido derrotado. Se sentó en un rincón de la habitación debilitado por aquel golpe.
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| Sueños o realidad; un enigma. |

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